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Eres una bomba. Sí, quizá tienes dos brazos y dos piernas pero eres una bomba. Sabes que en tu interior guardas algo. No sabes que es: si son palabras, si son imágenes... Pero sabes que quieres que todo se escape ya de tu interior. Porque te incomoda. Quieres explotar como ningún humano lo ha hecho. Chillar y chillar. O, mucho mejor, vivr algo que te cambie por completo. Tienes la oportunidad de girar tu vida, ya has hecho la mitad. Pero por algo no quieres. Sólo quieres grita. Mucho. Y que salgan esas palabras que te liberen. Que te hagan sentirte bien. Romper las normas o robar en una tienda. Pero lo necesitas ya. Necesitas un detonante. Un detonante que te haga reventar y por fin darte cuenta de qué coño es lo que ocurre en tu interior.
Telegrama de Dios
Estúpidas mentes humanas. Ignorantes. Casi sin miedos ni mimetizantes. No os entiendo ni os acaloro. Os doy todo y no cogéis nada. Os doy cuadros y los ignoráis. Os doy paisajes y los destruis. Os doy amor y no sois capaces de cuidarlo. Os doy cerebro y ni siquiera os planteáis usarlo. No sé ni porqué me molesté en daros hormonas.
La mirada de la cajera
Hoy me ha pasado algo extraño en el supermercado. Sólo he bajado a comprar una barra así que no me he entretenido mucho. Delante de mí, en la cola de la caja, había una pareja, prototipo de imbecilidad que sólo son capaces de superar determinados ciudadanos estadounidenses. Muchísimos chistes sin venir a cuento y numerosas tontadas mientras la cajera, amargada y desganada, pasaba los productos por el cacahrrito que hace "bip".
Han sido un total de 16 productos, así que cuando el dúo imbécil se ha marchado he puesto mi humilde barra en la sucia cinta transportadora. Hasta ahora, todo normal. Lo raro ha sido cuando me ha devuelto el cambio. Yo, en un gesto de mala educación aún llevaba los cascos puestos en los oídos pero no ha dicho una palabra. Lo raro ha sido su mirada. Extraña e intensa. Y de repente ha sonreido. No sé si porque ha visto mi cara de asco ante la extraña pareja. O por si mi barra ha aliviado sus ya aturdidos brazos. Pero me ha mirado de un modo realmente extraño.
No es la primera vez que la veo, es una de las pocas empleadas fijas que los supermercados se dignan a contratar, de modo que ya la había visto por ahí en alguna ocasión. Y, desde luego, esta no era la primera vez que me cobraba. Pero nunca me había mirado. Esta señora, de unos aproximados cincuenta años, simplemente me decía el precio y ya. Hoy, en cambio, me ha mirado. No tiene unos ojos bonitos. Ni siquiera un llamativo rostro. Pero su mirada me ha perturbado.
He vuelto a casa pensando en el porqué de esa mirada. Quizá llevaba manchada la camiseta. O una mancha en mi cara. O simplemente le apetecía mirarme. Me he puesto a pensar también en lo que somos capaces de transmitir al mirar. Podemos odiar, amar e incluso besar sólo mirando. Somos capaces de conectar, de meternos en el cuerpo de otros. Y en ocasiones en el alma, para así poder juguetear con ella a nuestro antojo. Y no sigo divagando, porque el ascensor ya ha llegado a mi piso y tengo que entrar...
Han sido un total de 16 productos, así que cuando el dúo imbécil se ha marchado he puesto mi humilde barra en la sucia cinta transportadora. Hasta ahora, todo normal. Lo raro ha sido cuando me ha devuelto el cambio. Yo, en un gesto de mala educación aún llevaba los cascos puestos en los oídos pero no ha dicho una palabra. Lo raro ha sido su mirada. Extraña e intensa. Y de repente ha sonreido. No sé si porque ha visto mi cara de asco ante la extraña pareja. O por si mi barra ha aliviado sus ya aturdidos brazos. Pero me ha mirado de un modo realmente extraño.
No es la primera vez que la veo, es una de las pocas empleadas fijas que los supermercados se dignan a contratar, de modo que ya la había visto por ahí en alguna ocasión. Y, desde luego, esta no era la primera vez que me cobraba. Pero nunca me había mirado. Esta señora, de unos aproximados cincuenta años, simplemente me decía el precio y ya. Hoy, en cambio, me ha mirado. No tiene unos ojos bonitos. Ni siquiera un llamativo rostro. Pero su mirada me ha perturbado.
He vuelto a casa pensando en el porqué de esa mirada. Quizá llevaba manchada la camiseta. O una mancha en mi cara. O simplemente le apetecía mirarme. Me he puesto a pensar también en lo que somos capaces de transmitir al mirar. Podemos odiar, amar e incluso besar sólo mirando. Somos capaces de conectar, de meternos en el cuerpo de otros. Y en ocasiones en el alma, para así poder juguetear con ella a nuestro antojo. Y no sigo divagando, porque el ascensor ya ha llegado a mi piso y tengo que entrar...
Caótica Ana
Ayer se me ocurrió ir, muy bien acompañado,a ver la película "Caótica Ana", de Julio Médem. Ya había visto el trailer así que me esperaba algo parecido. Pero no tan sumamente brutal.
Caótica Ana narra la historia de Ana, una chica criada en una cueva de Ibiza que se gana la vida poniendo copas y vendiendo sus cuadros. Un día, una mecenas francesa le ofrece un lugar en su escuela de Madrid, donde se traslada nuestra protagonista. Allí, y una vez casi liberada de su antigua vida, empieza a experimentar extrañas sensaciones y recuerdos que gracias a unas sesiones de hipnosis le descubrirán memorias y escenas de vidas anteriores: su auténtico caos interior.
Caótica Ana narra la historia de Ana, una chica criada en una cueva de Ibiza que se gana la vida poniendo copas y vendiendo sus cuadros. Un día, una mecenas francesa le ofrece un lugar en su escuela de Madrid, donde se traslada nuestra protagonista. Allí, y una vez casi liberada de su antigua vida, empieza a experimentar extrañas sensaciones y recuerdos que gracias a unas sesiones de hipnosis le descubrirán memorias y escenas de vidas anteriores: su auténtico caos interior.No sé muy bien como describir mi sensación al salir de la sala.
Caótica Ana es una película un tanto larga y empalagosa pero he de reconocer que tiene una serie de escenas y diálogos que consiguieron revolver mi interior. La escena del baile con su padre al son de agárrate fuerte a mí, María hizo mil pedazos mi corazón. La escena en la que Ana recuerda las numerosas muertes de sus antepasadas y las numerosísimas espirales de locura en las que se sumerge la protagonista consiguieron convulsionar mi pequeño y regordete cuerpo.
Caótica Ana es una película un tanto larga y empalagosa pero he de reconocer que tiene una serie de escenas y diálogos que consiguieron revolver mi interior. La escena del baile con su padre al son de agárrate fuerte a mí, María hizo mil pedazos mi corazón. La escena en la que Ana recuerda las numerosas muertes de sus antepasadas y las numerosísimas espirales de locura en las que se sumerge la protagonista consiguieron convulsionar mi pequeño y regordete cuerpo.Asumo perfectamente mis casi ignorantes conocimientos del cine. Tengo claro que no soy quien para poder hablar como un auténtico sabio del cine de Médem (o de cualquier otro). Sé que no soy un entendido. Pero soy persona. Quizá he visto Caótica Ana desde un cerebro un tanto ignorante en esta materia, pero he de admitir que muy pocos elementos audiovisuales han conseguido despertar en mí tantas emociones. Tantas, que incluso llegué a bracear en el cine. Tantas que el paseo solitario de vuelta a casa se convirtió en un auténtico caos interior. Tantas.
Más que un chico Almodóvar
La escoria de “Aquí hay tomate” ha debido sufrir un bajón en sus estudios científicos sobre cuestiones de la humanidad tan relevantes como la ficha policial de Isabel Pantoja o la talla de las bragas de la Duquesa de Alba, ya que ahora han decidido ir a por Pedro Almodóvar y a por uno de los dos varones que ostentan el título de “Chico Almodóvar”: nuestro malagueño internacional Antonio Banderas.
En esta ocasión las privilegiadas y avanzadas mentes
del programa han decidido investigar y sacar a la luz una posible relación sentimental entre el actor y el director manchego. ¿Y de donde se han sacado eso? De dos premisas muy claras: el hecho de que Antonio impulsara su carrera gracias a Almodóvar y que haya interpretado papeles homosexuales en las películas de éste.
En primer lugar, han intentado dejar claro que Antonio ha ascendido en el mundo del cine gracias a Pedro, pero no por sus méritos como intérprete sino por haberle metido el manubrio hasta el segundo apellido a mi querido director. Está claro que no todo el mundo empieza a triunfar desde el primer momento en que se lo plantea (excepto quizá Doña Leticia Ortiz), así que, ¿porqué hablar sobres estas tonterías? Si Antonio tuvo que felar o penetrar a Pedro, no creo que sea algo que nos interese. Y si ha llegado hasta donde lo ha hecho, ¡ole!
Después, han decidido basar sus realmente asombrosas tesis en las interpretaciones de Antonio Banderas en “La ley del deseo” y “Laberinto de pasiones”. En ambas, el malagueño interpreta a un joven homosexual. De hecho, la escena con Eusebio Poncela en “La ley del deseo” está dando vueltas por todo Telecinco gracias a la basura de “Aquí hay tomate” u “Hormigas blancas”. Supongo que es eso lo que más les habrá chocado: el seco, directo, conciso y tremendo polvo que Eusebio le echa a Antonio en una de las escenas más polémicas del film. Lo que me extraña es que no se acuerden de la más que sublime escena de sexo con Victoria Abril en “Átame” o el gracioso encuentro con Eva Cobos en “Matador”. Parece que sólo les interesaba un vis a vis con varones.
Respecto a Antonio Banderas, sólo me queda decir que es un gran actor, y que he visto pocas interpretaciones como las suyas en “Matador”; “Átame” o la mismísima “La ley del deseo”, en la que el muy cabrón borda el papel de amante celoso.
Respecto a los programas me ha parecido más que asqueroso el reportaje emitido en el Tomate y el avance del que saldrá en “Hormigas blancas”. Eso no es Periodismo. Es basura. Para los que me conozcáis, sabéis de sobra mi más que profunda admiración por Almodóvar. He intentado ser objetivo, pero no he podido. Lo siento. Además es mi blog y escribo lo que quiero. La próxima vez que vuelva a ver algo parecido también lo pondré, no os preocupéis. Mientras tanto veamos cuanto tardan en decirnos que Penélope consiguió el papel de Raimunda en “Volver” gracias a una excelente mamada o que Cecilia Roth consiguió el suyo en “Todo sobre mi madre” gracias a un juego perfecto de consoladores y vodka.
Pedro, sigues siendo mi favorito.
En esta ocasión las privilegiadas y avanzadas mentes
del programa han decidido investigar y sacar a la luz una posible relación sentimental entre el actor y el director manchego. ¿Y de donde se han sacado eso? De dos premisas muy claras: el hecho de que Antonio impulsara su carrera gracias a Almodóvar y que haya interpretado papeles homosexuales en las películas de éste.En primer lugar, han intentado dejar claro que Antonio ha ascendido en el mundo del cine gracias a Pedro, pero no por sus méritos como intérprete sino por haberle metido el manubrio hasta el segundo apellido a mi querido director. Está claro que no todo el mundo empieza a triunfar desde el primer momento en que se lo plantea (excepto quizá Doña Leticia Ortiz), así que, ¿porqué hablar sobres estas tonterías? Si Antonio tuvo que felar o penetrar a Pedro, no creo que sea algo que nos interese. Y si ha llegado hasta donde lo ha hecho, ¡ole!
Después, han decidido basar sus realmente asombrosas tesis en las interpretaciones de Antonio Banderas en “La ley del deseo” y “Laberinto de pasiones”. En ambas, el malagueño interpreta a un joven homosexual. De hecho, la escena con Eusebio Poncela en “La ley del deseo” está dando vueltas por todo Telecinco gracias a la basura de “Aquí hay tomate” u “Hormigas blancas”. Supongo que es eso lo que más les habrá chocado: el seco, directo, conciso y tremendo polvo que Eusebio le echa a Antonio en una de las escenas más polémicas del film. Lo que me extraña es que no se acuerden de la más que sublime escena de sexo con Victoria Abril en “Átame” o el gracioso encuentro con Eva Cobos en “Matador”. Parece que sólo les interesaba un vis a vis con varones.
Respecto a Antonio Banderas, sólo me queda decir que es un gran actor, y que he visto pocas interpretaciones como las suyas en “Matador”; “Átame” o la mismísima “La ley del deseo”, en la que el muy cabrón borda el papel de amante celoso.Respecto a los programas me ha parecido más que asqueroso el reportaje emitido en el Tomate y el avance del que saldrá en “Hormigas blancas”. Eso no es Periodismo. Es basura. Para los que me conozcáis, sabéis de sobra mi más que profunda admiración por Almodóvar. He intentado ser objetivo, pero no he podido. Lo siento. Además es mi blog y escribo lo que quiero. La próxima vez que vuelva a ver algo parecido también lo pondré, no os preocupéis. Mientras tanto veamos cuanto tardan en decirnos que Penélope consiguió el papel de Raimunda en “Volver” gracias a una excelente mamada o que Cecilia Roth consiguió el suyo en “Todo sobre mi madre” gracias a un juego perfecto de consoladores y vodka.
Pedro, sigues siendo mi favorito.
"Callejeros"
“Callejeros” es el programa de reportajes de investigación que emita Cuatro todos los viernes. Para los que dicen y decimos que nuestra televisión deja mucho que desear hemos de alegrarnos de que exista algo como este programa.Cada viernes, un grupo de reporteros muestran a la audiencia sus reportajes sobre temas polémicos, quejas ciudadanas o simplemente aspectos curiosos de nuestras gentes.
“Callejeros” nos ha dejado auténticos frikis que han arrasado en youtube o en los zappings.
Magníficos esperpentos como la chica estudiante de medicina con algo en el pelo o la fabulosa familia gitana que celebra un “arrejuntamiento”.Los reportajes muestran de un modo bastante directo la realidad del tema que quieren tratar. Por ejemplo, uno de los más espeluznantes, emocionantes y a la vez más desagradables: el parto del niño que podéis ver en una parte de este video.
En mi opinión, un programa que no podemos dejar de ver. Y, si no contribuimos a su audiencia, al menos deberíamos grabarlo porque realmente merece la pena, tanto cuando tratan temas alegres como cuando lo hacen de desgracias humanas.
Directos, claros y concisos. Callejeros.
Cuidar a la gente
Conoces a gente que cambia tu vida. Nuevas personas que te provocan cargas y cargas de sentimientos y sensaciones novedosas. Pero como todo nuevo, hay que cuidarlo. Sino, ya se sabe como acaba todo: jerseis en la basura, platos rotos... Sólo tenemos que saber como es la otra persona, entenderla y ceder un poco. "Empatizarnos" y así poder cuidarlos y cuidarlas con mayor tranquilidad. Porque a veces, sin saberlo, podemos incomodar a los otros.
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