Mostrando entradas con la etiqueta Anatomía de Diego. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Anatomía de Diego. Mostrar todas las entradas

Algo que yo mismo he decidido destruir

Todo se acaba. A veces, incluso, sin ni siquiera haber comenzado. No estaba muy seguro hasta hace poco tiempo. Sabía que había algo. Mejor dicho: que podía haber algo. Pero hoy tengo que decírtelo. En efecto, tengo que decirte algo pero no sé como. Porque no sé como te va a sentar. Quizá estás llena de ilusiones. Tal y como yo lo estuve. Pero ya no. Lo siento, pero ya no. Tenemos que vernos. Pero vernos creo que va a suponer partirte el corazón. En dos. Creo que de mi boca van a salir palabras que no te van a gustar. Después de tanto tiempo y de haber yo gastado tanta saliva y tantas teclas, esto se va a hundir del mismo modo que el "corazón del mar". Lo siento.

No es nada seguro, pero todo indica que...

Y también lo siento por ellos, por los que me han apoyado, por los que han invertido su esfuerzo en que yo construyera algo tan dificil, pero que tras casi conseguirlo, vergonzosamente yo mismo he decidido destruir.

10-9-8-7-6-5-4-3-2-1

Eres una bomba. Sí, quizá tienes dos brazos y dos piernas pero eres una bomba. Sabes que en tu interior guardas algo. No sabes que es: si son palabras, si son imágenes... Pero sabes que quieres que todo se escape ya de tu interior. Porque te incomoda. Quieres explotar como ningún humano lo ha hecho. Chillar y chillar. O, mucho mejor, vivr algo que te cambie por completo. Tienes la oportunidad de girar tu vida, ya has hecho la mitad. Pero por algo no quieres. Sólo quieres grita. Mucho. Y que salgan esas palabras que te liberen. Que te hagan sentirte bien. Romper las normas o robar en una tienda. Pero lo necesitas ya. Necesitas un detonante. Un detonante que te haga reventar y por fin darte cuenta de qué coño es lo que ocurre en tu interior.

Telegrama de Dios

Estúpidas mentes humanas. Ignorantes. Casi sin miedos ni mimetizantes. No os entiendo ni os acaloro. Os doy todo y no cogéis nada. Os doy cuadros y los ignoráis. Os doy paisajes y los destruis. Os doy amor y no sois capaces de cuidarlo. Os doy cerebro y ni siquiera os planteáis usarlo. No sé ni porqué me molesté en daros hormonas.

La mirada de la cajera

Hoy me ha pasado algo extraño en el supermercado. Sólo he bajado a comprar una barra así que no me he entretenido mucho. Delante de mí, en la cola de la caja, había una pareja, prototipo de imbecilidad que sólo son capaces de superar determinados ciudadanos estadounidenses. Muchísimos chistes sin venir a cuento y numerosas tontadas mientras la cajera, amargada y desganada, pasaba los productos por el cacahrrito que hace "bip".

Han sido un total de 16 productos, así que cuando el dúo imbécil se ha marchado he puesto mi humilde barra en la sucia cinta transportadora. Hasta ahora, todo normal. Lo raro ha sido cuando me ha devuelto el cambio. Yo, en un gesto de mala educación aún llevaba los cascos puestos en los oídos pero no ha dicho una palabra. Lo raro ha sido su mirada. Extraña e intensa. Y de repente ha sonreido. No sé si porque ha visto mi cara de asco ante la extraña pareja. O por si mi barra ha aliviado sus ya aturdidos brazos. Pero me ha mirado de un modo realmente extraño.

No es la primera vez que la veo, es una de las pocas empleadas fijas que los supermercados se dignan a contratar, de modo que ya la había visto por ahí en alguna ocasión. Y, desde luego, esta no era la primera vez que me cobraba. Pero nunca me había mirado. Esta señora, de unos aproximados cincuenta años, simplemente me decía el precio y ya. Hoy, en cambio, me ha mirado. No tiene unos ojos bonitos. Ni siquiera un llamativo rostro. Pero su mirada me ha perturbado.

He vuelto a casa pensando en el porqué de esa mirada. Quizá llevaba manchada la camiseta. O una mancha en mi cara. O simplemente le apetecía mirarme. Me he puesto a pensar también en lo que somos capaces de transmitir al mirar. Podemos odiar, amar e incluso besar sólo mirando. Somos capaces de conectar, de meternos en el cuerpo de otros. Y en ocasiones en el alma, para así poder juguetear con ella a nuestro antojo. Y no sigo divagando, porque el ascensor ya ha llegado a mi piso y tengo que entrar...

Caótica Ana

Ayer se me ocurrió ir, muy bien acompañado,a ver la película "Caótica Ana", de Julio Médem. Ya había visto el trailer así que me esperaba algo parecido. Pero no tan sumamente brutal.

Caótica Ana narra la historia de Ana, una chica criada en una cueva de Ibiza que se gana la vida poniendo copas y vendiendo sus cuadros. Un día, una mecenas francesa le ofrece un lugar en su escuela de Madrid, donde se traslada nuestra protagonista. Allí, y una vez casi liberada de su antigua vida, empieza a experimentar extrañas sensaciones y recuerdos que gracias a unas sesiones de hipnosis le descubrirán memorias y escenas de vidas anteriores: su auténtico caos interior.
No sé muy bien como describir mi sensación al salir de la sala. Caótica Ana es una película un tanto larga y empalagosa pero he de reconocer que tiene una serie de escenas y diálogos que consiguieron revolver mi interior. La escena del baile con su padre al son de agárrate fuerte a mí, María hizo mil pedazos mi corazón. La escena en la que Ana recuerda las numerosas muertes de sus antepasadas y las numerosísimas espirales de locura en las que se sumerge la protagonista consiguieron convulsionar mi pequeño y regordete cuerpo.
Asumo perfectamente mis casi ignorantes conocimientos del cine. Tengo claro que no soy quien para poder hablar como un auténtico sabio del cine de Médem (o de cualquier otro). Sé que no soy un entendido. Pero soy persona. Quizá he visto Caótica Ana desde un cerebro un tanto ignorante en esta materia, pero he de admitir que muy pocos elementos audiovisuales han conseguido despertar en mí tantas emociones. Tantas, que incluso llegué a bracear en el cine. Tantas que el paseo solitario de vuelta a casa se convirtió en un auténtico caos interior. Tantas.

Manuela Vellés, una magnífica Ana. Una nueva diosa para mi Olimpo. Una gran Charlotte Rampling y una sorprendente Bebe. Y, una vez más, salgo del cine con la alegría de decir: "Joder, no he desperdicicado 5 euros"

Más que un chico Almodóvar

La escoria de “Aquí hay tomate” ha debido sufrir un bajón en sus estudios científicos sobre cuestiones de la humanidad tan relevantes como la ficha policial de Isabel Pantoja o la talla de las bragas de la Duquesa de Alba, ya que ahora han decidido ir a por Pedro Almodóvar y a por uno de los dos varones que ostentan el título de “Chico Almodóvar”: nuestro malagueño internacional Antonio Banderas.

En esta ocasión las privilegiadas y avanzadas mentes del programa han decidido investigar y sacar a la luz una posible relación sentimental entre el actor y el director manchego. ¿Y de donde se han sacado eso? De dos premisas muy claras: el hecho de que Antonio impulsara su carrera gracias a Almodóvar y que haya interpretado papeles homosexuales en las películas de éste.

En primer lugar, han intentado dejar claro que Antonio ha ascendido en el mundo del cine gracias a Pedro, pero no por sus méritos como intérprete sino por haberle metido el manubrio hasta el segundo apellido a mi querido director. Está claro que no todo el mundo empieza a triunfar desde el primer momento en que se lo plantea (excepto quizá Doña Leticia Ortiz), así que, ¿porqué hablar sobres estas tonterías? Si Antonio tuvo que felar o penetrar a Pedro, no creo que sea algo que nos interese. Y si ha llegado hasta donde lo ha hecho, ¡ole!

Después, han decidido basar sus realmente asombrosas tesis en las interpretaciones de Antonio Banderas en “La ley del deseo” y “Laberinto de pasiones”. En ambas, el malagueño interpreta a un joven homosexual. De hecho, la escena con Eusebio Poncela en “La ley del deseo” está dando vueltas por todo Telecinco gracias a la basura de “Aquí hay tomate” u “Hormigas blancas”. Supongo que es eso lo que más les habrá chocado: el seco, directo, conciso y tremendo polvo que Eusebio le echa a Antonio en una de las escenas más polémicas del film. Lo que me extraña es que no se acuerden de la más que sublime escena de sexo con Victoria Abril en “Átame” o el gracioso encuentro con Eva Cobos en “Matador”. Parece que sólo les interesaba un vis a vis con varones.

Respecto a Antonio Banderas, sólo me queda decir que es un gran actor, y que he visto pocas interpretaciones como las suyas en “Matador”; “Átame” o la mismísima “La ley del deseo”, en la que el muy cabrón borda el papel de amante celoso.

Respecto a los programas me ha parecido más que asqueroso el reportaje emitido en el Tomate y el avance del que saldrá en “Hormigas blancas”. Eso no es Periodismo. Es basura. Para los que me conozcáis, sabéis de sobra mi más que profunda admiración por Almodóvar. He intentado ser objetivo, pero no he podido. Lo siento. Además es mi blog y escribo lo que quiero. La próxima vez que vuelva a ver algo parecido también lo pondré, no os preocupéis. Mientras tanto veamos cuanto tardan en decirnos que Penélope consiguió el papel de Raimunda en “Volver” gracias a una excelente mamada o que Cecilia Roth consiguió el suyo en “Todo sobre mi madre” gracias a un juego perfecto de consoladores y vodka.

Pedro, sigues siendo mi favorito.

"Callejeros"

“Callejeros” es el programa de reportajes de investigación que emita Cuatro todos los viernes. Para los que dicen y decimos que nuestra televisión deja mucho que desear hemos de alegrarnos de que exista algo como este programa.

Cada viernes, un grupo de reporteros muestran a la audiencia sus reportajes sobre temas polémicos, quejas ciudadanas o simplemente aspectos curiosos de nuestras gentes.

“Callejeros” nos ha dejado auténticos frikis que han arrasado en youtube o en los zappings. Magníficos esperpentos como la chica estudiante de medicina con algo en el pelo o la fabulosa familia gitana que celebra un “arrejuntamiento”.

Los reportajes muestran de un modo bastante directo la realidad del tema que quieren tratar. Por ejemplo, uno de los más espeluznantes, emocionantes y a la vez más desagradables: el parto del niño que podéis ver en una parte de este video.

En mi opinión, un programa que no podemos dejar de ver. Y, si no contribuimos a su audiencia, al menos deberíamos grabarlo porque realmente merece la pena, tanto cuando tratan temas alegres como cuando lo hacen de desgracias humanas.

Directos, claros y concisos. Callejeros.

Cuidar a la gente

Conoces a gente que cambia tu vida. Nuevas personas que te provocan cargas y cargas de sentimientos y sensaciones novedosas. Pero como todo nuevo, hay que cuidarlo. Sino, ya se sabe como acaba todo: jerseis en la basura, platos rotos... Sólo tenemos que saber como es la otra persona, entenderla y ceder un poco. "Empatizarnos" y así poder cuidarlos y cuidarlas con mayor tranquilidad. Porque a veces, sin saberlo, podemos incomodar a los otros.

"Cinco hermanos"


Como todo buen verano que se precie, he tenido que engancharme a una serie de televisión. Si el año pasado fue con las disparatadas historias de los pijos amargados de "The O.C.", este año me he aficionado a las corredurías de la familia Walker, los protagonistas de "Cinco hermanos".


Emitida por Cuatro todos los martes a las 23:00, narra la historia de una familia, dueña de una empresa alimenticia, que pierde al patriarca. Desde ese momento y con la vuelta de una de las hijas, Kitty, "Cinco hermanos" nos cuenta como los miembros evolucionan en sus propios campos y problemas, eso sí, siempre bien atados a los tejemanejes de Nora, la matriarca.


Conocida en USA como "Brother & Sisters", incluye fuertes dosis de humor sobre los temas más punzantes de la política estadounidense. En mi opinión, una serie bastante recomendable. Además, nos reencontramos con Calista Flockhart (que no aparecía por la Tv desde la mítica Ally), Sally Field (sorprendentemente mayor) o Emily Van Kamp (Amy en la ñoñería repelente que era "Everwood").


"Cinco hermanos". Calista Flockhart (como Kitty); Sally Field (como Nora); Rachel Griffiths (como Sarah); Baltazhar Getty (como Tommy); Matthew Rhys (como Kevin); Dave Annable (como Justin); Patricia Wettig (como Holly) y Rob Lowe (como Robert)

La etapa

Se acaba una etapa. Una de las mejores de toda mi vida. He estudiado lo que realmente me gusta. Y he conocido a personas maravillosas. Maravillosas. Epidurálticas. Geniales. Y creo que ese ha sido el mayor mérito.

Es cierto que he aprendido la estructura de la pirámida invertida, las fuentes, los reglamentos del protocolo, las teorías sobre los receptores, los diptongos, la ONU, Tom Wolfe y García Márquez, la Reconquista y Napoleón...etc.

Sin embargo, lo mejor de todo y con lo que me quedo, sois vosotros.

Cuando el mundo se te viene encima

Cuando el mundo se te viene encima sientes por primera vez en tus propias carnes el miedo. Miedo de ti y de tu alrededor. De tus circunstancias. De lo que te pueda pasar.

El mundo se te puede venir encima de muchas maneras: con un desengaño amoroso, con una serie de responsabilidades que crees no poder afrontar, cuando fallece alguien, cuando pierdes a alguien o crees que vas a perderlo, cuando descubres que no te han correspondido...

Lo peor de todo es cuando varios de esos factores se juntan y se alían. Contra ti. Contra tus circunstancias. Y te sientes mal, y empiezas a respirar con dificultad.

Y te sientes como un zombi. Como un cuerpo sin alma. Crees que no hay solución y quieres pedir a gritos unas manos que te saquen de ahí, pero sorprendentemente no puedes. No sabes como hacerlo. Sólo esperas a que se den cuenta, porque tú solo no vas a trepar.

Pero nunca, nunca recurras a la química.

Tus aves

Te esfuerzas. Te esfuerzas bastante. Luego ves los resultados. Y te sientes decepcionado. Primero contigo y luego con ella. No sabes bien si ha sido tu culpa. Tampoco sabes seguro si ha sido la de ella. Sólo sabes que tu esfuerzo, tus cuatro días de esfuerzo, no han servido para cumplir uno de tus sueños. Y te sientes decepcionado, bastante decepcionado, e incluso lloras un poco…

De rabia. De impotencia. Pero enseguida te salen aves auxiliares que te dicen que no. Que no lo hagas. Que no merece la pena y que todo no ha ido tan mal. Que te acompañan y te animan. Algunos incluso te abrazan. Otros, que ya saben que no son buenos a la hora de actuar en estas circunstancias, te intentan apoyar. Quizá no con las mejores palabras, pero si con la mejor de las intenciones. Siempre hay un cabecilla, un ave jefe, que ya tiene experiencia. Que ha cargado contigo en otra ocasión. Que sabe lo que te decepciona y lo que te hace sentirte alegre. Que sabe lo que te ocurre y que intenta sacarte al vuelo…una vez más. (He de decir que el pobre ya ha cargado con esto alguna vez; no sé si le molestará o lo hace con sumo placer, pero está claro que es el mejor de mis apoyos [No te gusta esto, y quizá me dará un poquito de vergüenza que luego me mires, una vez sepa que lo hayas leído, pero he de decir que esta ha sido la segunda de tus grandes demostraciones. Y que te quiero un montón, tío *sólo te lo repetiré una vez más antes de verano, no te preocupes jajaja*]). Es en estos momentos cuando te das cuenta de que darías tu propia vida por cualquiera de estas aves.

Los miras y los admiras. Matarías por darles un abrazo. El más grande que un ser humano haya sido capaz de dar. En el que se transmita todo. En el que se de todo y se devuelva todo. Como un trueque. Pero de sentimientos. De ánimas. Sin embargo, notas el efecto de las valerianas en tu ser. Se debaten con la humillación y la decepción. Mientras tanto, ya ha dado la hora y te subes a tu autobús. Y te quedas dormid. Agotado por un examen, por una decepción, pero piensas que todo va a ir a mejor. Que no te importa una simple calificación. Caes en la cuenta de que esto te gusta y vas a luchar por formarte en ello. Y ni un 7´5, ni nadie, ni el mismo Dios podrá pararte.


I WON´T SAY I´M IN LOVE